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DE LA VIDA ESTUDIANTIL, NO TANTOS AÑOS HA

Extracto del libro "Siempre nos quedará el América" de David Serna Novis.

EL TEMIDO INTERROGATORIO

En los exámenes de novato, los miembros del Tribunal, además de pedir a las víctimas propiciatorias una serie de pruebas de actitud y aptitud, que van desde cantar, bailar, contar chistes o hacer cualquier memez propia del momento, les somete a unos duros interrogatorios que ponen a prueba la rapidez de reflejos de los aspirantes a residentes y su habilidad para salir del apuro.

Estos interrogatorios son luego muy útiles en la vida académica para poder enfrentarse a la cruda realidad de los exámenes orales, a los que habrán de hacer frente en su dilatada carrera universitaria, por lo que desde hace años han sido calificados de “bien de uso público” e incluso han conseguido el título de “interés turístico”.

Recordemos ahora algunas de las preguntas a las que los señores veteranos someten a los pobres novatos:

1. Pregunta literaria: háganos un breve comentario sobre la frase “volverán las oscuras golondrinas” y, principalmente, explíquenos por qué se fueron.


2. Siguiendo la resolución tomada de la segunda conferencia internacional de 1977 sobre los derechos del mar, ¿cómo calificaría usted las aguas de la bolsa uterina?


3. ¿Qué usa usted: el vil calzoncillo mariano o el afeminado “slip”? Utilidades, ventajas e inconvenientes.


4. Comentario histórico – filosófico del momento culminante de la batalla de Lepanto en que el Cid Campeador pronunció la frase: “Botejara, compre castañas”.


5. Teoría fundamental del higo chumbo al cuadrado, reaccionante con el estombe hipertenserocirculclínico.


6. Háganos los mismos movimientos que Travolta en su última película en posición “pilsen”.


7. Morfología del cangrejo de monte, su función en la “masturbatio longamanum aqueste”.


8. Reacción entre el “stroncius” de “miloncius” con el esparfidio permachuquino de base catalizadora de los parfuletes de Bandrius.


9. Problema: un cerdo, con perdón, sale de su pocilga un domingo por la mañana a 55 km/h. Calcular a cómo saldrá el kilo de tocino en el mercado, procurando no confundir el tocino con la velocidad.


10. Explíquenos la técnica del beso francés y del beso con insinuación, con ejemplo práctico incluido y trabajo de campo impreso.


11. “El gigante Faraón / capitán de Andalucía / que tenía un solo ojo / y de noche no dormía.” ¿Por qué no dormía de noche?


12. ¿Dónde tenía más pelos Wilfredo el Huevelloso?


13. ¿Qué fue primero, el huevo o la gallina? Explicar con derivadas a cuadros.


14. Diferencias y concomitancias entre “tusona”, “cachondilla” y “hurgamendera”.


15. Invéntese un piropo del que tienen que formar parte obligatoriamente las siguientes palabras: Dios, virgen, pájaros, flores y maciza.


16. Según las últimas disposiciones del padre Astete, en colaboración con la EGB, recite sin titubear y sin ponerse a hacer eso tan molesto de “mmmm”, el “Yo, pecador”.


17. ¿Sabe usted si existió alguna relación íntima entre la Dama de Elche y el Cipote de Archidona?


18. El emperador tailandés Geni – Thal es conocidísimo porque efectuó una brillante traducción al chino de las obras completas de Confucio. ¿Puede decirnos, paladinamente y sin rebozo ostensible, cuál es el “praenomen”, “nomen” y “cognomen” de la amante del director de la Caja Rural de Nankín? Cite, por favor, bibliografía.


19. Haga una genialidad ¡ya!


20. Vamos a probar su ingenio. Háganos una pregunta.


21. La pintura como arte y el maquillaje como decoración. Análisis general.


22. Utilizando el método mínimo – mongólico, interprétenos una anécdota gracejo – simpática del siglo XVII.


23. Por qué la japuta, pez acantopteringio de las zonas abismales del Mediterráneo, tiene fama de casquivano y ligero de cascos.


24. Castración del canario en la estepa rusa. Interacción, ambivalencia y entronque con las erupciones del Teide y Teneguía.


25. ¿Cómo procedería ante una fractura del séptimo traste vertical? a) de oficio a instancias de parte b) químicamente.


26. Desarrolle el tema: “El desvirgue del himeneo sahariano por las marchas verdes alahuitas”.


27. Los estados menopáusicos del cachalote, la ballena y los cetáceos en general y su influencia en la descontaminación periódica de los oceános Ártico y Antártico.


28. Háganos con todo el cuidado posible una descripción científica, según la encíclica “Mater mea post orinam”, de la posibilidad de partenogénesis, así como de los posibles efectos jurídicos de un nacimiento autóctono, sin ayuda exterior, dentro de unos cauces estrictamente legales.


29. ¿Por qué pasó a la posteridad el Comadrón de Marracos?


30. ¿Qué instrumento tocaba Maese Pedro, el organista? Dificultades de afinación.


31. ¿De qué color era el caballo blanco de Santiago? ¿Cuántos eran los siete hijos de Zebedeo? ¿De qué color es la caja negra de un avión? ¿Por qué los vaqueiros siempre la tienen alzada? Conteste a todas a la vez y haga esquemas con organigramas y árboles genealógicos incluidos.

TEST DE LA PERSONALIDAD DIRIGIDO

Conteste estrictamente sí o no:

¿Tiene usted el complejo de Edipo?

¿No tiene usted dicho complejo?

¿Es usted virtuoso y diáfano con sus amistades?

¿No es virtuoso?

¿Sí, es virtuoso?

¿Es usted católico, no católico, apóstata y romano?

¿Ama a sus padres si los tuviera?

¿Le gusta no leer, leer, oír música y no oír música?

¿Admira usted a los blancos o a los negreros?

¿Si usted fuera blanco, sería negro? ¿Está usted casado?

¿Se casaría si se lo pidiera su mujer?

¿No se casaría si no se lo pidiera su mujer?

¿Sabe sumar, restar, multiplicar, dividir y sacar integrales?

¿Se casaría si su mujer o esposo fueran adúlteros?

¿Es usted no inteligente?

¿Es usted tonto?

¿No es usted no inteligente?

¿Le gustaría ser inteligente ahora que estamos todos juntos y en unión?

¿Tiene padres y madres?

¿No mataría a nadie si fuese estrictamente necesario?

¿Subiría a la luna si se lo pidiera su amante?

¿Sí, subiría a la luna si no se lo pidiera su amante?

KITSCH KETCHUP OSCAR WILDE

Ah, ¿no resulta lógico, compañeros, cuando uno está acostumbrado a una dieta rica y variada, una dieta de estudiante, de residencia, a base de patatas, pasta, arroz y rebozados hasta en la sopa (caso real); a encontrar pelos sospechosamente cortos, negros y rizados entre sus suculentos macarrones, que añore, de vez en cuando, los clásicos delicatessen, que maduran en la vieja bodega conocida y no pierden, sino mejoran su sabor?
Servido en bandeja de plata, un aperitivo del Chef Oscar:

Ilustración de Gino Rupert
(Edición del Círculo de Lectores)

(Habla SALOMÉ a IOKANÁAN)

" Tu boca es como
una cinta escarlata sobre una torre de marfil.
Como una granada cortada por un cuchillo
de marfil. Las granadas que florecen en los
jardines de Tiro y son más rojas que las rosas
no son tan rojas como tu boca. Tu boca es
más roja que los pies de los que
pisan el vino en los lagares. Es más roja
que los pies de las palomas que habitan
en los templos y son alimentadas por
los sacerdotes.
Tu boca es como una rama de coral
que han hallado unos pescadores
en el crepúsculo marítimo y que reservan
para los reyes. Tu boca es como el bermellón
que los moabitas encuentran en
las minas de Moab y que les es arrebatado
por los reyes. Tu boca es como
el arco del rey de los persas, pintado
de bermellón y con cuernos de coral.
Nada en el mundo es tan rojo como tu boca...
Déjame besar tu boca"

Oscar Wilde, fragmento de Salomé (Traducción de Pere Gimferrer)
Co-producido y dirigido por Willy Roe Ratas, con fotografías de Nasalis Larvatus

El GATO COMPOTAS: OPERACIÓN BIKINI





¡CAMAREEROO! HAY UNA BLENORRAGIA EN MI SOPA, Y ENCIMA ESTÁ PASADA

Huyendo de una gata parda, me colé por el desván de doña Paqui Dermo donde fui a topar con un ejemplar de cuidado:



A la vista de semejante título, comprenderéis que se me hiciera la boca piorrea y el culo pisicola y no pudiese evitar echarle la zarpa:



Así pues, habiéndome sumergido en el maravilloso mundo de la sifilografía, los chancros simples y agudos, habiendo hecho viajes extragenitales (ficiticios) y demás, pensé que no podía dejar de compartir tan apetitoso y sonoro menú con mis queridos lectores de El Cleptómono.

¡Periostitis, herpes vulvar, heredosífilis, uretritis gonocócica, leucoplasia, melingomielititis!

¡Todo esto y mucho más en el TRATADO ELEMENTAL DE LAS ENFERMEDADES VENÉREAS que el doctor Ch. Audry tuvo la deferencia de escribir en 1904, y nosotros de presentaros en exclusiva!

Allá van el prefacio y uno de los mejores fragmentos, que mis monos han transcrito con sus mejores deseos y sus náuseas con amor.


TRATADO ELEMENTAL DE LAS ENFERMEDADES VENÉREAS

POR EL DOCTOR


CH. AUDRY


PROFESOR DE LA CLÍNICA DERMATOLÓGICA Y SIFILOGRÁFICA EN LA FACULTAD DE MEDICINA DE TOLOSA


Segunda edición enteramente refundida con figuras

Traducción española de los doctores


M. MONTANER DE LA POZA


y


M. MONTANER TOUTAIN

con un prólogo y notas del doctor

DON JAIME PEYRI ROCAMORA


Catedrático de dermatología y sifilografía en la Facultad de Medicina de Barcelona


1919


PREFACIO

Es este un libro escolar, y por lo tanto elemental. He escrito para los estudiantes que tienen ya conocimientos de patología general, interna y externa y que deben abordar el estudio de la veneorología. Por este motivo, he debido eliminar algunas veces datos interesantes, pero de segundo orden y atenerme a la práctica más sencilla. Por lo demás, no deben buscar aquí más que lo que pueden encontrar: justamente lo más necesario para estar en aptitud de seguir con fruto un dispensario o una clínica de sifilografía; lo mismo que la dermatología, no se aprende aquélla en los libros ni en las imágenes; es preciso ver al enfermo.

He prescindido sistemáticamente de todo aparato de erudición. No hay más nombres propios que aquellos que no está permitido ignorar ni al práctico más modesto. No he dado ninguna indicación bibliográfica.

Sólo las correspondientes a un año, llenarían un volumen mayor que éste.

Digo todo esto para que por si casualidad llegase esta obra a un veneorólogo instruido, no espere encontrar más que lo que he tratado de poner: enseñanza para los alumnos.

Aun cuando estableciendo modificaciones numerosas y necesarias al texto de la primera edición, he cuidado de que la obra conserve su carácter enteramente "escolar".

No está en la mano de un hombre sólo redactar una obra, aun cuando sea elemental, que trate del conjunto y los detalles de la sífilis. Este manual sólo puede servir de introducción al estudio clínico de la venereología.

El autor no tiene otra ambición.



BLENORRAGIA DEL HOMBRE ADULTO

Artículo III


Uretritis gonocócica aguda


Síntomas. - Síntomas subjetivos.- El enfermo se da cuenta del principio de la blenorragia por una comezón ligera y continua que siente a nivel de la fosa navicular.

Poco después, o casi al mismo tiempo, se manifiesta no un verdadero flujo, sino una exudación o secreción poco abundante que hace que los labios del meato se adhieran entre sí a la camisa.

Los primeros fenómenos dolorosos aparecen en el curso de la micción y son muy variables; unas veces la uretra está sencillamente sensible, como pruriginosa, y otras la micción es en extremo penosa, sobre todo a nivel del meato y del segmento peniano: los enfermos comparan este dolor al del hierro enrojecido, etc.

Entre las diversas micciones existe continuamente una sensación de molestia y calor.

La micción es difícil, lenta y penosa. Cuando la blenorragia es plenamente uretral, no se efectúa más a menudo que de ordinario. Algunas veces se comprueba una retención urinaria completa que hace necesario el cateterismo durante uno o varios días.

Uno de los accidentes más penosos de la blenorragia está constituido por la erección dolorosa que se produce sobre todo durante el sueño, el cual queda interrumpido por esta causa. En ciertos casos la blenorragia particularmente intensa, es decir, cuando la inflamación es tal que la mucosa y los tejidos subyacentes se infiltran de modo que pierden su flacidez y elasticidad la erección no puede ya efectuarse por entero; el miembro se hace incompletamente extensible y describe una curva de concavidad posterior. Esta curva se endereza espontánea o artificialmente, como consecuencia de la desgarradura de los tejidos infiltrados. Se dice que la "cuerda se ha roto". Esta ruptura, que representa en suma una ruptura incompleta de la uretra, se acompaña siempre de dolor violento y de hemorragia abundante; constituye un accidente grave puesto que en el sitio que ocupaba, es decir, en el ángulo penoescrotal, deja una estrechez cicatricial anular muy retráctil y difícil de tratar.

De una manera general, los síntomas dolorosos durante la micción y la erección son menos pronunciaos en el curso de las recidivas, las cuales tienen generalmente una marcha menos aguda que el primer ataque.

Si no hay complicaciones, el estado general se conserva intacto y la enfermedad se comporta como una afección exclusivamente local. Debo decir, sin embargo, que así siempre la blenorragia se acompaña desde su principio de una adenitis inguinal ligera algo dolorosa, pero efímera y sin gravedad.

Menos mal.

Ha informado: WILLY ROE RATAS

TRAILER - MENÚ DEL DÍA: LO QUE NUNCA QUISISTE SABER SOBRE LOS CARACOLES PERO AÚN ASÍ TE VAMOS A CONTAR

¡Borja! ¡Como te ajogues te mato! ¡Termínate primero el melón! Hola, hola, hola, comensales, lectores, que una vez más acudís a Casa Compotas en busca de la garcillada que nos falta.



Nuestro catador


Como estamos en edad de crecer - bien a lo alto, bien a lo ancho - he preparado, junto a mis mejores pinches de cocina, un menú de degustación especial que hará las delicias de los más atrevidos o de los más hambrientos, una especial tradición de la cocina francesa para el depredador más exquisito y vago.


Pues sí, ¡CARACOLES!, ¿qué miras tú con ese repelús, niño? ¡Come, hijo, come, que es casero! Y para beber, os sugerimos agua de Lanjarón, que alarga la vida y ensancha el corazón. Aunque para eso mejor agua de Bezoya, ¿no? Y si no, pregúntale a Viskovitz:


¿PERO ES QUE NUNCA PIENSAS EN EL SEXO, VISKOVITZ?

¿El sexo? Ni siquiera sabía que tenía uno. Podéis imaginaros cuando me dijeron que tenía dos.


- Los caracoles, Visko - me explicaron los viejos -, somos hermafroditas insuficientes...


- ¡Qué asco! - chillé -. ¿También en nuestra familia?


- No te quepa duda, hijo. Tenemos capacidad para desarrollar tanto las funciones masculinas como las femeninas. No hay nada de lo que avergonzarse.

Me indicó con la rádula el lugar donde se encontraban ambos aparatos genitales.


- ¿Y por qué insuficientes?

- Porque podemos aparearnos sólo con otros caracoles, siempre y cuando exista una inclinación recíproca, pero nunca con nosotros mismos.

- ¿Y quién lo dice?

- Nuestras creencias, Visko. Esa otra cosa tan fea es pecado mortal, aunque sólo sea de pensamiento - me previno papamamá.


- Y también son actos impuros encerrarse demasiado en la concha, hablar consigo mismo y autocomplacerse - añadió mamapapá.

Un estremecimiento de terror me rizó el manto.

- Sería hora de que empezases a mirar a tu alrededor en busca de un buen partido; la estación reproductiva dura sólo unas pocas semanas.
Alargué perplejo los tentáculos en todas direciones.

-¡Pero si los caracoles más cercanos están a meses de camino!


- Te equivocas, hijo, hay jóvenes excelentes en este mismo vecindario.

Pero por allí cerca no veía más que a Zucotic, Petrovic y López, mis antiguos compañeros de colegio.


- Estáis de broma. No pretenderéis que yo...


- Proceden de buenas familias, con un discreto patrimonio genético y buenas perspectivas de éxito evolutivo. La belleza no lo es todo, Visko.


- Pero, ¿los habéis visto bien?


Dirigí el tentáculo rinóforo hacia Zucotic, un gasterópodo descarnado, con la concha prácticamente clipeiforme, el ojo invaginado, el ctenidio atrófico. Resultaba repugnante incluso para los depredadores. ¿Realmente querían tener nietos así?


- Ya verás como, con el tiempo, cambiarás de idea. Los caracoles tenemos un dicho: "Ama a quien esté cerca de ti, pues quien está lejos continuará estándolo".

- Antes muerto.


Saludé y me retiré al interior de la concha. Tapé cuidadosamente el opérculo y lo sellé con sales calcáreas, porque nunca se sabe lo que puede pasar.


- No está bien encerrarse así en la concha, Viskolín, la gente pensará mal.


Al cuerno la gente.


Durante los días que siguieron, por una u otra razón, no fui capaz de pensar en otra cosa que en el sexo, quiero decir, en los sexos.



Al principio eran picores indefinibles, pequeñas turbaciones hormonales que me impulsaron a detener la mirada sobre ciertas arrugas del manto de algunos caracoles, a intentar adivinar las formas bajo la concha, a admirar las sinuosas ondulaciones de su pie ventral al contraerse. Nada que me llegara a preocupar, entendámonos, o que me quitara el sueño. Algunos caracoles del huerto, morfológicamente hablando, no estaban mal, pero caracoles que de verdad encajaran conmigo, que tuvieran la clase y los requisitos zoométricos necesarios para hacer buena pareja con Viskovitz, realmente no se veía ninguno. Llegué pues a la conclusión de que no existían y de que probablemente no habían nacido todavía.

Me equivocaba.

Su majestad, la belleza gasterópoda, apareció de repente, entre las lechugas. Estaba más bien lejos, pero divisaba su deslumbrante perfil, voluptuosamente abandonada al sol, la generosidad de sus formas a duras penas contenidas en la sucinta concha.


Parbleu!


Hechizado, perdí el sueño y el apetito. De repente, para mis antenas oculares sólo existía ellaél. Empecé a secretar moco sin razón. Pero ¿qué podía hacer? ¡Mi estrella distaba de mí por lo menos dos años - caracol! Aun en el caso de que hubiera partido en aquel mismo momento y me hubiera echado a correr como un loco, incluso renunciando al letargo invernal, igualmente habría llegado allí viejo y decrépito.


A menos que... Sí, estaba pensando precisamente aquello. Aquella locura. ¿Y si también ellaél se echara a correr ami encuentro? En tal caso, el punto de encuentro habría estado entre las flores de calabaza, y nos habríamos unido como dos caracoles de mediana edad. Cuanto más pensaba en ello, más me seducía la romántica grandeza de aquel gesto. La zozobra de la anticipación. El sacrificio de la juventud por una promesa de amor. ¿Y acaso el amor no era siempre una gran apuesta? Mirarme me miraba, estaba claro que había notado mi presencia. Estaba muy, muy claro. Había que ser un bivalbo para no comprender las señas de complicidad que me enviaba con las antenas. Quién sabe por qué imaginaba que su nombre era Ljuba.


- ¡Viskooo! - gritaba mamapapá-. No está bien hablar consigo mismo, la gente pensará mal.

- Que piensen lo que quieran.


- Lo que tendrías que hacer es arreglarte, porque viene a verte el señorito López.


López avanzaba fuera de sí, babeando mucosidades y dejándose resbalar, el rostro extraviado por la lujuria, los osfradios dilatados, el mesénquima laxo, la rádula fláccida, anhelante, estaba ya a sólo dos días de distancia de mí. Pero pocas horas más lejos, cargaban también en dirección hacia mí Petrovic y Zucotic, enzarzados en una carrera a muerte por tenerme, por gozar de mi joven cuerpo. Sentí que se me helaba la hemolinfa y se me ponía rígida la cavidad paleal.

Extroflexioné el esófago en un espasmo de repugnancia.
Giré los ojos hacia la lechuga y en un instante - uno de esos instantes en los que se decide una vida - la suerte estuvo echada.

- ¡Allá voy! - grité.
Y también ellaél se movió. Tras seis meses de mantener aquella carrera, estaba destrozado. Los lances pasionales no están hechos para los moluscos, especialmente para nosotros, los caracoles. Tenía las escamas irritadas y el mesénquima hecho pedazos. Acabada la estación reproductiva, los niveles hormonales habían caído, y con ellos los ardores románticos. La juventud se había desvanecido y el moco se resecaba. Veía envejecer mi cuerpo más rápidamente de lo que cambiaba el paisaje. Si la vida es una carrera contra el tiempo, bueno, hay algo de lo que no cabe duda, y es que con los caracoles es él, el tiempo, quien parte como favorito.

Al empezar aquel viaje me había hecho ilusiones de que, por mal que fuera, en cualquier caso habría conocido mundo, territorios inexplorados y culturas extranjeras, distantes decímetros y decímetros. Pero comprendía que el mundo entero era verdura. Me había hecho la ilusión de poder cortar definitivamente con el pasado, pero cada vez que giraba las antenas, familiares y conocidos estaban siempre allí, con sus miradas cargadas de reproche, la expresión defraudada y enfurecida. Los caracoles de la infancia permanecen siempre en nuestro campo visual, y también los de nuestra vejez. Para nosotros no existen los encuentros fortuitos, y tampoco existe la intimidad. Comprenderéis ahora por qué uno necesita la concha, a pesar del trabajo que supone llevarla todo el día a cuestas.


Pero yo continuaba corriendo a su encuentro, suspirando y soñando, con los ojos abiertos, durante la noche, bajo la luz de la luna,con el perfume del perejil y la caricia del viento en las escamas. Y también ellaél venía a mi encuentro. Aquello era lo único que contaba. Llegó el invierno, y tras otros tres meses, la primavera y los brotes de las primeras flores de calabaza.

Y luego el momento tan esperado.


Estaba asustado, se me había venido encima el mundo entero. ¡Yo había creído realmente que venía a mi encuentro, que respondía a mis llamadas!. Élella era una imagen reflejada. Daba vueltas en torno a aquel grifo y me veía llorar en silencio las últimas gotas de moco. Pobre Viskovitz.

Después me apoyé en aquella superficie cromada y me eché a reír a carcajadas. ¿Qué otra cosa podía hacer? Me burlaba, o mejor, nos burlábamos. Pero de pronto mi imagen se puso seria y empezó a observarme atentamente. No podía quitarme los ojillos de encima: era todavía un animal soberbio, probablemente el más atractivo que hubiese existido nunca, extraordinariamente sexy par ser un molusco. Rádula sensual y escamas de fábula, físico sólido y elástico, concha mimética pero elegante, atributos reproductores...
parbleu! En un instante se me aclaró el sentido de toda aquella historia. Doblé tímidamente las antenas oculares, la una hacia la otra, y por primera vez mi pupila derecha miró fijamente a la izquierda Sentí el cortocircuito eléctrico, el estremecimiento del alma, y sólo fui capaz de balbucear una frase trivial:

- Te amo, Viskovitz.

- Yo también te quiero, bobo. Con la rádula acaricié delicadamente el exóstoma, con la parte distal del pie ventral rocé la proximal. Sentí entonces la cálida presión del rinóforo, que se insinuaba bajo la concha, y una fuerte conmoción me inmovilizó en el centro mismo de mi ser.

- Oh, cielos, ¿qué estoy haciendo? - balbucée.

Pero ya me abandonaba a mi propio abrazo, me aferraba a mi propia carne. Ebrio de deseo, me apretaba contra mí mismo, palpitaba al contacto glutinoso del derma, me emborrachaba con el humor viscoso de moco, golosamente entregado a la posesión de aquellos miembros adorables. Me abracé a mí mismo estrecha y desesperadamente.


Cuando hube terminado, me di cuenta de que, en el ardor de la pasión, había salido de la concha y estaba con la tripa al aire, desnudo, con los sexos al viento. Y que las miradas de todos se dirigían hacia mí. Sólo en el radio de un decímetro había tres familias de caracoles, y podéis imaginaros sus reacciones.


- ¡Qué asco, lo que hay que ver! - se quejó un vecino.


- Serás condenado por toda la eternidad, Viskovitz - se desgañitó otro.
Les gritaban a sus hijos que se giraran, pero ellos se guardaban muy mucho de girar las antenas.

- Te daremos una lección - amenazaban.

¡Como si alguien hubiera sido apalizado alguna vez por un caracol! Ya había sufrido bastantes afrentas, así que, en lugar de retirarme al interior de mi concha, me erguí delante de ellos:

- ¡¡¡Hermafroditas insuficientes lo seréis vosotrooos!!!- les chillé a aquellos hipócritas.

Los días que siguieron fueron los más felices de mi vida. El viento primaveral me había traído el regalo de dos grandes pétalos amarillos; en ellos me tendía lánguidamente y me perfumaba, feliz de ser un molusco y de estar enamorado. Había sustituido la concha, demasiado inapropiada para la compleja geometría del ctoerototismo hermafrodita, por aquel nuevo hábitat. Pero mi historia no había dejado de causar escándalo:

- No es más que un típico ejemplo de la descomposición que padece la sociedad gasterópoda - decía alguien -. El Yo ha sustituido a la conciencia social, triunfa la personalidad narcisista. El individuo se repliega sobre lo personal y lo privado...


Confieso que sobre lo privado me replegaba gustosamente. Era una de las pocas ventajas de no tener columna vertebral.

Y había también quien intentaba psicoanalizarme:

- En el narcisismo secundario el amor frustrado vuelve a sí mismo y da vida al delirio de grandeza, a la sobrevaloración del propio ser. El Yo se siente Dios...

No, no se me había pasado nunca por la cabeza la idea de ser Dios. Si acaso era Él quien ponía en circulación ciertos rumores.


"...Frente al acoso de la vejez se quebranta el sueño de la extensión feliz de la omnipotencia infantil y se desmorona el sistema de autodefensa del narcisista..."


Debo admitir que detestaba envejecer. La vejez me ponía celoso. Más de una vez me sorprendía a mí mismo abandonado a fantasías sobre un caracol más joven y había acabado con el corazón hecho pedazos. Naturalmente, aquel caracol era siempre yo, la imagen de mí mismo muy rejuvenecido y tumbado sobre la lechuga, pero eso no hacía que el dolor fuera menor. Y entonces me encerraba en la concha y lloraba. No renunciaba a mi amor. Mis ojos dejaban de mirarse el uno al otro.

Pero la vida continuaba, y viene a cuento decirlo porque estaba encinta. Me aterrorizaba la posibilidad de que las historias que se cuentan sobre la autofecundación fuesen ciertas y que naciesen monstruos. Individuos con la concha torreada o con el pie bífido, que habrían intentado hacerme sentir culpable para el resto de mis días.


Me equivocaba.


Apenas vi la pequeña concha recién nacida de mi hijo Viskovitz, la reconocí. Su majestad la belleza gasterópoda. Era la copia perfecta de su progenitor, más similar a una divinidad que a un molusco. Tan pequeñito, parecía un caracol visto de lejos,
aquel caracol visto de lejos. ¡Qué bello era! Con la rádula le acaricié delicadamente el exóstoma, con la parte distal del pie le rocé la proximal...

- Te amo, Viskovitz - balbucée.


- Yo también, Viskovitz - respondió.


Como en los cuentos, el amor triunfaba. Pero esta vez no tendría fin. Nunca tendría fin.

- ¡Qué asco! ¡Lo que hay que ver! - se quejó un vecino.

ALESSANDRO BOFFA: ERES UNA BESTIA, VISKOVITZ



Y SOBRE TODO:

PIENSA EN ESTO CADA VEZ QUE TE COMAS UN CARACOL

TRAILER - MENÚ DEL DÍA : EL ARTE DEL PLACER

La época de celo no perdona. Pero la vida en faunividad, la consecuente liberalización de las costumbres y la suciedad de consumo a la que se han entregado los monos robados tras adaptarse al hábitat de El Cleptómono acentúan aún más el caos.

Willy Roe Ratas permanece a una distancia prudencial de las potas y del tejado, ante el permanente asedio de gatitas que se hacen pasar por sobrinas del gato pardo. Los cocineros huyen despavoridos (los pavos fueron más rápidos). Las Hor-Monas y las Fero-Monas asaltan nuestra cocina para prepararnos un plato especialmente bestia...


EL ARTE DEL PLACER, Goliarda Sapienza


Goliarda Sapienza


- ¿Qué haces, tontita, te caes de sueño?

- No, no duermo. Estaba pensando.

- Ah, ¡pero cómo!, ¿piensas también? ¡Ahora resulta que los tontos piensan! ¿Y en qué pensabas, si puede saberse? ¿Tendría yo ese honor?

- Pensaba en preguntarte...

- ¿El qué? ¡Vamos, habla! ¡Pareces una gallina a la que fueran a retorcer el cuello! ¿De qué se trata? , ¡habla!

- Oh, nada, nada. Quería preguntarte qué es el mar.

- ¡Y dale con el mar! ¡Serás cabezota! ¡Te lo he explicado mil veces, pero mil veces! El mar es una extensión de agua profunda como el agua de un pozo que está entre nuestra finca y ese tugurio que es vuestra casa. Lo único que es azul, y que por mucho que mires a un extremo y a otro no puedes ver dónde se acaba. ¡Pero qué quieres comprender tú, si estás loca! Y, aunque no lo estuvieras, las mujeres, como dice mi padre, desde que el mundo es mundo, no entienden nada.

- Yo sí que lo entiendo: un agua profunda como la del pozo, pero azul.

- ¡Muy bien, cuánto me alegro! Entonces, ¡levántate y mira a tu alrededor! ¿Ves ese llano? Como se llama ese llano, ¿eh? Veamos si mereces aprender.

- Ese llano se llama el llano del Buey.

- Eso es, el mar es una llanura de agua azul, pero sin las montañas de lava que se ven allá en el fondo. Mirando la llanura del mar no se ve nada en el fondo, nada que tape la vista, o mejor dicho, se ve una fina línea que no es sino el mar al confundirse con el cielo. Y esta línea se llama horizonte.

- ¿Y qué es el horizonte?

- Ya te lo he dicho, una llanura de agua azul que se confunde con el cielo, donde no alcanza la vista.

- ¡Una llanura de agua azul como tus ojos que se confunden con el cielo de tu frente!

- ¡Pero hay que ver qué cosas se te ocurren! ¡Pareces un cuentacuentos, por Dios que eso es lo que pareces! ¿Qué te ha pasado a ti esta mañana que tienes esos pensamientos tan poéticos?

- Y a ti, ¿qué te ha pasado a ti para que fumes como un hombre? Tú fumas y yo..., ¿me dejas mirarte a los ojos? Si los miro fijamente comprendo mejor como es el mar.

- ¡Pues claro! ¿Quién te dice nada? Si tanto te importa saber cómo es el mar, adelante. Mucho debe de gustarte para que te pongas así de colorada. ¡Qué graciosa eres y qué loca! ¡Eres graciosa de verdad! A saber con quién te hizo tu madre.

- Seguramente con un hombre, y además marino, por lo que me cuenta.



Y de postre...

- Mira qué dos botoncitos están apuntando. ¿Te duele al tocarlos?

- No.

- Sabes qué son estas pequeñas hinchazones?

- No. ¿Forúnculos tal vez?


[...]



- ¿Duermes, Modesta?

- No.

- ¿Piensas?

- Sí.

- Cuenta, Modesta, cuenta.




Por cortesía de las Fero - Monas: Carmina, Carmona y la Mona Lisa

TRAILER - MENÚ DEL DÍA: A LA CAZA DEL AMOR

Según Agapito Caleya dice un proverbio romano me la agarras con la... ah no, que ese es otro. Como dice un proverbio romano nullus liber est tan malus ut non aliqua parte prosit, algo así como que ningún libro es tan malo que no pueda ser aprovechado en alguna parte. En Pekín, por ejemplo.

En este sentido, muchas críticas y recomendaciones literarias también pueden resultar provechosas en alguna parte, por ejemplo cuando uno carece de papel higiénico. Es por eso que, adoptando mi mejor pose de El Pensador de Rodin, que, en palabras de Dalí, era un hombre muy estreñido, he pensado que aunque voy a hablar de libros, es evidente que mis comentarios, teniendo en cuenta el soporte electrónico de nuestra revista; no podrían cumplir las citadas higiénicas funciones.




El Pensador (Auguste Rodin)


Por esta razón y porque me sale de los bigotes, he decidido meterles el dedo en el ojo a los lectores, invitándolos a enfrentarse directamente con fragmentos cuidadosamente seleccionados de entre las obras que los monos y yo hemos ido leyendo.



Salvador Dalí


Un menú de trailers literarios que iremos actualizando y aumentando cada vez que seamos capaces de terminarnos un libro. Si te toca la pipa amarga... antes ya tuvimos que comérnosla nosotros.


HOY EN TGAILEG MENU DEL DÍA


LOS MEJOGUES COSINEGOS DE CASA COMPOTAS TE GUECOMIENDAN


LA DEGUSTASIÓN DE UN CANAPÉ DE...



A LA CAZA DEL AMOR
, Nancy Mitford


- ¿Seguiste algún criterio especial para asignar los camarotes, o cómo lo hiciste? - le preguntó Robert a Linda.

- ¿Por qué? ¿No estaban bien repartidos?

- Todo estaba perfecto. Todo el mundo tenía su sitio y se ha ido directamente a él, pero tengo curiosidad por saber cómo decidiste a quiénes asignar los camarotes, eso es todo.

- Pues verás - explicó Linda -, la verdad es que me limité a dárselos a los que tenían la palabra "labrador" en la ficha, porque yo tenía un cachorro de esos cuando era pequeñita y era tan... adorable, ¿sabes?

- Ah - dijo Robert con gravedad -, ahora lo entiendo todo. Resulta que en español un labrador, además de un perro, es alguien que se dedica a cultivar la tierra, así que según tu criterio (excelente, por cierto; no podía ser más democrático), todos los campesinos han ido a parar a los camarotes de lujo, y los intelectuales, debajo de las escotillas. Así aprenderan a no ser tan listos. Lo has hecho muy bien, Linda. Te estamos muy agradecidos.

- Era una monada de cachorro...- siguió diciendo Linda con aire nostálgico - Ojalá lo hubieses visto. Me gustaría tener algún animal de compañía.

- Pues no sé por qué no haces una oferta por la sangsue (1) - sugirió Robert.

Uno de los rasgos más distintivos de Perpiñán era una sanguijuela metida en una botella, en el escaparate de una farmacia, con un cartel escrito a máquina en el que se podía leer: "SI LA SANGSUE MONTE DANS LA BOUTEILLE IL FERA BEAU TEMPS, SI LA SANGSUE DESCEND... L'ORAGE"(2).


- No estaría mal - comentó Linda -, pero no sé... no me la imagino cogiéndome cariño, todo el día ocupada con si llueve o deja de llover, arriba y abajo, arriba y abajo. No tendría tiempo para relacionarse, seguro.

(1)
sanguijuela
(2)
Si la sanguijuela sube dentro de la botella hará buen tiempo, si baja... tormenta.






La sangsue



Firmado por
Willy Roe Ratas en exclusiva para EL CLEPTÓMONO